
La propuesta de Aprendizaje con base en Procesos y Competencias (APC) pretende aportar un enfoque y una metodología que contribuyan a capitalizar y administrar los conocimientos centrados en los individuos, en línea con los objetivos estratégicos de las organizaciones.
Propone un cambio en la manera de entender y valorar el aprendizaje en el contexto del proceso acelerado del cambio global y las exigencias que este impone a la supervivencia y al desarrollo de las empresas de este comienzo de siglo.
“El cambio, rápido, omnipresente y para muchos confuso, es la fuerza motriz de los últimos años del siglo XX, y de él nace la necesidad del aprendizaje continuo. No es una tendencia efímera. Los nuevos avances de la tecnología harán que se acelere durante los próximos años y que afecte la vida de más y más personas, les guste o no. Solo una gran catástrofe humana puede aminorar su marcha. Las estructuras educativas no pueden oponerse a su avance, tendrán que asumirlo y preparar a las personas para poder hacerle frente, y para ello aceptarán y aplaudirán nuevos contenidos, nuevas metodologías y nuevos enfoques”.
La problematización -según Vargas- señala que es importante planear nuestro trabajo docente, orientándolo a que los estudiantes desarrollen competencias docentes, y a través de estas, pueda llegar a obtener aprendizaje, significativo y situado (ubicados en la realidad). Según el autor, hace énfasis en la necesidad de tomar en cuenta el factor humano y social al desarrollar competencias. El significado de ser competente refiere a capacidades, que aunque sean operativas, se encuentra articuladas sustantivamente con distintas forma del saber. Mientras, que ser competidor refiere a un rol concreto dentro de unas relaciones sociales de ganar o perder; sin llegar a caer las instituciones educativas al planear por competencias en una formación automatizada y eficiente para ganar. También se acompaña a las competencias con el desarrollo humanístico de los estudiantes, para lograr un desarrollo integral del individuo.
Entendemos por aprendizaje: Al desarrollo de evolución, donde el ser humano está optando por una forma concreta de apropiación de la realidad y del mundo. En nuestra práctica docente nos basamos principalmente en los contenidos, programas de estudio y descuidamos –muchas de las veces- si efectivamente el estudiante construyo su aprendizaje, tendremos que valorar esos conocimientos a través de las competencias.
Con el aprendizaje significativo: Los nuevos conocimientos deben relacionarse con los saberes previos que posee los estudiantes, en los enfoques educativos el ser humano aprende significativamente solo aquello que percibe como necesario para la supervivencia o el desarrollo de sí mismo.
Una problematización que nos indica la conceptualización del aprendizaje significativo, donde el maestro media conocimientos, a través de herramientas físicas o psicológicas (contenidos), que es una actividad normal en nuestra práctica docente donde no contribuimos acertadamente al proceso de enseñanza-aprendizaje, ya que el estudiante aprende por sí mismo. Para mejorar en la práctica educativa, el maestro, debe preocuparse por escuchar al estudiante y conocer las necesidades cognoscitivas del estudiante, consciente de hacerlo desde los propios marcos teóricos-prácticos del entendimiento y resolución de la realidad.
Un individuo aprende significativamente sólo aquellos aspectos que se percibe como enlazadas con la supervivencia o desarrollo de si mismo. No debemos enseñarle a nadie directamente; solo podemos facilitar su aprendizaje. La primera tarea del maestro es crear condiciones en el aula que no amenacen la estructura de Si mismo del estudiante. Es relevante conocer el interés del estudiante para adquirir su aprendizaje.
¿El aprendizaje es algo tan trivial que se puede observar y medir con base en unas simples preguntas a propósito de unos contenidos cualesquiera?
No, pienso que los procesos de enseñanza utilizados o requeridos para adquirir o construir el aprendizaje son complejos y amplios, implica la voluntad del alumno, se asienta en los conocimientos previos, el contexto, la voluntad o conciencia, al aprendizaje situado con enfoque constructivista, así como al aprendizaje que representa atender el ser, el hacer, el conocer y el convivir con los demás.
Cada alumno tiene su propia forma de adquirir los conocimientos. Es primordial considerar si el estudiante logro la concepción de la información, si evoluciono en su aprendizaje para avanzar a otro nivel de enseñanza. Realidad objetiva del estudiante: aprendiz y constructor por el mismo.
La función mediadora del facilitador, es crear las condiciones y ambientes de armonía dentro y fuera del aula, sugerir actividades creativas, apoyarse en ejemplos esclarecedores, ejercitar la práctica, resolver problemas, atender casos, dosificar la información o contenidos del programa de estudios, tomar en cuenta la importancia de escuchar a los alumnos, transitar suavemente -aunque con firmeza- por los diversos recursos o herramientas que la didáctica y la pedagogía del adolescente nos brinda, apoyarse en el discurso verbal cuando sea necesario -pero sin abusar-, planear o anticiparse a la acción educativa y principalmente, ser empático. Tales cometidos se antojan complejos o inalcanzables, diría entonces: son titánicas responsabilidades.
Por otro lado, me surgen cuestiones sobre la forma en que observamos y medimos los aprendizajes: ¿Es acaso el examen escrito la única herramienta confiable?, ¿debe interesar el proceso o solamente el resultado a la hora de evaluar?, ¿le confiero un mayor valor a lo memorizado por que es garantía de que el alumno “aprendió”?... El tiempo produce cambios y estos son para bien, afortunadamente.
Me atrevo a decir que la educación del siglo XXI, a nivel medio superior, le estamos apostando al aprendizaje significativo (Carl Rogers y Ausubel) para su avance.
